Vacío Existencial

Al principio no era un grupo tan grande, pero con los años se fueron uniendo más y más personas. Tenían gustos muy diversos, intereses muchas veces opuestos, parecidos normales, era un grupo que no tenía explicación de ser en sí mismo, sino que encontraba su explicación en cuanto a lo que hacía.
Ellos caminaban, por toda la ciudad, caminaban. Todos muy juntos, casi de las manos, caminaban por los lugares más impensables de toda la ciudad. Muchas veces eran molestos, porque eran tantos que todos los lugares a los que iban colapsaban: las plazas y los parques, los centros comerciales, las iglesias, las calles. Nadie se dio cuenta cómo fue que llegaron, para muchos siempre estuvieron ahí, para otros fue muy repentino, lo único cierto es que estaban ahí para quedarse, en ningún lugar y en todos a la vez.
Una vez me atreví a preguntarle a uno de ellos cuál era el objetivo de caminar todos juntos en silencio, como aletargados, sin rumbo. Me respondió que si tenían un rumbo, definido por la búsqueda de un lugar que había sido prometido para ellos. De inmediato pensé que eran una horda de judíos locos buscando su pequeña tierra prometida local para estar tranquilos, pero luego mi informante continuó diciendo que no era nada religioso, no era una tierra sagrada, era simplemente la tierra de la felicidad. La tierra donde por fin alguien podría caminar, estirar los brazos y no chocar con nadie. Creían que tanto atochamiento de personas que se vivía en una ciudad no era un estado natural del ser humano, era una forma de vivir muy contra natura y totalmente esclavizante, todos los caminantes habían decidido salir a buscar ese lugar dentro de la ciudad que los hiciera sentirse en armonía con su espacio personal, donde no tuvieran que pedir permiso para poder salir de algún lugar, o donde pudieran sentarse tranquilamente sin tener que fijarse si hay alguna anciana queriendo ocupar el puesto. En fin, lo que ellos buscaban era un lugar con un poco más de espacio, casi vacío, para respirar autónomos y libres, el único problema es que no se habían dado cuenta de que sea cual fuere el lugar donde caminaran, ellos lo llenarían.

Ambivalencia

Arauco tiene una pena...
Son recuerdos que atormentan y hacen caer en la cuenta lo mucho que se puede odiar, amar y lastimar. Odio escribir desde la rabia y la pena, pero si no saco de mi estos sentimientos, si no los verbalizo, puede ser mortal.
De todas formas nunca estuve completamente solo, alguna que otra persona pasó al lado mio acompañandome por un rato, jamás podré agradecerles enteramente que me hayan echo sentir necesitado y querido.

En fin, a lo que vinimos.
Quiero ir a una ciudad muy linda, pero que últimamente me ha echo sentir reemplazado, sin ir más lejos, quiero ver la puta ciudad echa llamas, para que no pueda hacerle sentir lo que a mi a nadie más.
Es preciosa, con mucha historia, con mucho misterio, con mucha gente increíble, creo yo que es una ciudad en la que me gustaría mucho vivir. Pero si la piso, moriré, porque recordaré toda la mierda que me hace sentir tan solo escuchar su nombre. Es la ciudad más linda, porque ha ocupado su relieve para hacerse resaltar, pero si llego a saber una vez más de ella, me he jurado partir y hacerla volar por los aires, para luego secarme en la carcel como el cerdo que soy.
Es la ciudad que me enamoró, la ciudad en la que me enamoré, la ciudad en la que se enamoró, la ciudad que si vuelvo a ver juro por mis hijos que con mis propias manos la dejo en el suelo.
Y me recago en toda mi maldita descendencia.